Aunque se proyecta una recuperación o mejora en los indicadores económicos, esto no necesariamente se reflejará en una mayor calidad del empleo. Es decir, aunque la actividad productiva y el crecimiento del país puedan mostrar señales positivas, los trabajadores podrían no percibir mejoras en sus condiciones laborales, estabilidad, salarios reales o beneficios sociales.
Aunque se proyecta un crecimiento económico de entre 3 y 4%, las expectativas de que esto se traduzca en una mayor creación de empleo son bajas, incluso si se aprueba la reforma laboral. Los datos privados destacan que los sectores de la industria y la construcción, históricamente intensivos en empleo, muestran señales débiles de recuperación, lo que limita las perspectivas laborales.
Un informe de la Secretaría de Trabajo indicó que desde la asunción de Javier Milei se perdieron 177.000 puestos de trabajo, y por el momento las previsiones de recuperación se mantienen endebles. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, basado en datos de unas 40 consultoras, señala que los analistas no anticipan mejoras significativas en la creación de empleo durante 2026, con tasas de desocupación que pasarían del 6,8% en el último trimestre de 2025 a 7,3% en el primer semestre de 2026, descendiendo levemente al 6,9% hacia fin de año.
La consultora LCG advirtió que los sectores más dinámicos actualmente, como agro, energía y minería, contribuirán poco a la generación de empleo, mientras que la industria y la construcción siguen mostrando contracciones recientes. Por ello, sostienen que el impacto de la reforma laboral sobre el empleo formal podría ser limitado si la actividad económica no se recupera de manera más contundente y si el crecimiento no alcanza a los sectores con mayor capacidad de creación de puestos de trabajo.







