La expectativa en torno al desarrollo de la actividad minera comenzó a generar movimientos inesperados en el mercado inmobiliario, con cambios en la demanda, el interés por determinadas zonas y nuevas proyecciones de inversión. Este fenómeno, que hasta hace poco resultaba impensado para el sector, abre interrogantes sobre su alcance y plantea escenarios sobre lo que podría ocurrir en los próximos meses.

La expectativa por el avance de la minería ya comenzó a reflejarse en el mercado inmobiliario mendocino a través de situaciones novedosas. Un inversor que había adquirido un departamento a estrenar recibió, incluso antes de habitarlo, una propuesta de alquiler en dólares por parte de una empresa minera interesada en concentrar a parte de su personal en un mismo edificio. Este tipo de ofrecimientos se repitió con otros propietarios del complejo y se vincula directamente con la aprobación reciente de la Declaración de Impacto Ambiental del proyecto PSJ Cobre Mendocino, que volvió a abrir la puerta a la actividad minera en la provincia tras décadas de inactividad.

Si bien otros desarrollos, como los proyectos de exploración en Malargüe, aún se encuentran en etapas iniciales, el movimiento también se ve potenciado por la expansión minera en la vecina provincia de San Juan. En este contexto, el sector inmobiliario aparece como un beneficiario inesperado, especialmente en un mercado que hasta ahora mostraba alta oferta de alquileres y plazos prolongados para concretar operaciones. Operadores del rubro coinciden en que la llegada de trabajadores, técnicos y personal jerárquico —muchos de ellos provenientes de otras provincias o países— comenzará a dinamizar la demanda de viviendas y oficinas.

Aunque el fenómeno todavía es incipiente, ya se observan señales claras: consultas de empresas extranjeras, compra de terrenos en zonas estratégicas como Uspallata, interés por viviendas modulares y una mayor demanda de casas amplias en áreas como Luján, Chacras de Coria y Agrelo. Referentes del sector comparan este proceso con lo ocurrido en Neuquén a partir de Vaca Muerta y anticipan que Mendoza podría absorber parte de la demanda vinculada al desarrollo minero regional, apalancada además por su oferta en salud, educación y calidad de vida, factores que influyen en la relocalización de familias y profesionales.

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