Los especialistas explican que no se trata de falta de alegría, sino de un proceso emocional vinculado con la autoexigencia, la madurez y el paso del tiempo.

No todas las personas esperan su cumpleaños con entusiasmo. Para algunos, la fecha genera incomodidad o incluso rechazo, y los psicólogos sostienen que esa actitud puede tener múltiples lecturas. Según los especialistas, no querer festejar el cumpleaños no es necesariamente un signo de tristeza, sino una forma de conectar con emociones más profundas.

En muchos casos, la resistencia a celebrar se asocia con una etapa de introspección o con el cansancio de la exposición social. “Cumplir años implica un balance: mirar hacia atrás y proyectarse hacia adelante. No todos se sienten cómodos con ese ejercicio”, explica una psicóloga consultada.

Otros factores también influyen: el estrés cotidiano, la presión por “pasarla bien” o las expectativas que genera el entorno. Para algunos adultos, el cumpleaños deja de ser motivo de fiesta y se transforma en una jornada para descansar, reflexionar o simplemente estar en calma.

Desde la psicología positiva, se alienta a respetar la elección personal sin juzgarla. “El festejo no define el bienestar. Hay personas que celebran en silencio y eso también es válido”, remarcan los expertos.

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